La Rosa Mística.
Continuación

La luz del amor vuelve a iluminar su corazón y ahora siente la fuerza suficiente para aventurarse en nuevos territorios, salir fuera de su agobio y tratar de comprender a la persona que hay al otro lado de la rosa.

- ¿ Qué te ocurre?, ¿te encuentras mal?. A ti ha tenido que sucederte algo. Seguro que llegaste al aeropuerto muy contento porque nos veríamos pronto. Compraste la rosa pensado en mí, sintiendo nuestro amor, ¿y luego?... ¿qué pensamiento te ha silenciado de esa manera?, ¿qué temor?, ¿qué rencor?, ¿qué oscuridad?.

Ella habla con tiernas palabras, se interesa por él, su alma luminosa quiere llegar hasta el alma de su amante y saber qué le sucede.

Él sigue callado contemplando la rosa sin siquiera mirar su cara. A ella ya no le importa su actitud y sigue hablando sin esperar respuesta.

Habla y, en medio de la luz llega al final de las palabras, al final de la mente donde comienza la verdadera paz. Entonces, cuando se le acaban las palabras se queda mirando la rosa, la hermosa flor que él tiene en sus manos y que contempla totalmente absorto.

Entonces, en ese momento, ella también descubre el poder de la rosa, también se siente atrapada en esa mirada.

Pasa un tiempo. Ella ahora está en paz, en silencio, contemplando la rosa junto a él. Al principio se ha sorprendido viéndose ella misma mirando la rosa con expectación, como si en ese momento la hubiese descubierto.

Realmente la rosa tiene algo de misterioso y hace diferente su situación. Ellos podrían ser una de las muchas parejas que, sentados el uno frente al otro, están ambos separados por un muro de silencio; pero entre ellos está la rosa llenando todos los vacíos y todas las distancias.

La rosa roja, viva, palpitante, como una poderosa hoguera donde brilla el sol del amor es la fuerza que los redime, que los reintegra a su verdadera identidad.

Ellos no son dos seres que están cada uno al otro lado de la rosa, son dos amantes que mirando la rosa se encuentran, sienten la mutua cercanía, que están en el mismo sitio, que cualquier diferencia entre ellos es ilusoria.

Ella, ahora se da cuenta que mirando la rosa ha descubierto un silencio bien diferente del que antes turbó su alma.

No es el silencio de él lo que escucha, ahora es el silencio de la rosa extendiéndose a su alrededor, llenándolo todo con su aura de paz y gozo.

Y en el silencio de la rosa tienen sentido todos los silencios posibles.

No es la ausencia de las palabras lo que en él puede escucharse sino la plenitud que no puede expresarse con discurso alguno.

Ahora, escuchando el silencio de la rosa entiende todo lo que él no ha dicho. Lo comprende porque se da cuenta que no hacen falta palabras para que las almas puedan comunicarse, que todas las palabras estorban porque no son más que el ruido de la mente, el lamento de la noche o el orgullo del día y, que antes de la existencia de las palabras, del mismo día y de la misma noche, hubo un silencio inmenso y gozoso lleno de la plenitud de todas las cosas posibles que tendrían que nacer.

El silencio de la rosa es el silencio primordial, no nace del vacío de la ausencia sino de la plenitud de quien lo contiene todo. No es un silencio estático, no es un silencio frío, no es el silencio de la muerte sino el de la vida antes de manifestarse, es el silencio de la luz que da origen a todas las formas, el mismo silencio que entra dentro de ella con cada respiración, extendiéndose por su cuerpo, por su mente, cubriendo su alma como el mejor de los amantes y, en ese gozo, en esa plenitud nace en su interior una sonrisa.

No es la sonrisa de su alegría, no es una sonrisa suya, es la sonrisa de la rosa, es la rosa quien se está riendo dentro de ella.

Ella siente esa alegría como si fuese la suya propia pero es la rosa riéndose dentro de ella quien provoca su sonrisa.

En ese mismo momento entiende lo que sucede como si un relámpago hubiese iluminado la noche de su mente.

Se da cuenta que en medio del gentío de la cafetería no hay nadie, que no existen las personas que hablan a su alrededor, que no existe su amante, que tampoco existe ella, que lo único real es ese silencio, esa sonrisa interna que brota en su corazón.

Comprende que todo eso sucede no porque ella esté mirando la rosa, no porque se encuentre con la mirada de su amante dentro de la rosa sino porque la rosa los está mirando, los mira y sonríe.

Su sonrisa es la fuente de toda la plenitud que siente. Al darse cuenta que la rosa los está mirando ella se ríe con la sonrisa del Universo que suena en su interior, con la alegría de la rosa por haberse reconocido en ese viaje incesante al verdadero hogar.

Ella lo comprende todo entonces y la sonrisa interna que llena su ser estalla en una carcajada que florece en sus labios rojos, rojos como la rosa roja que él, tras levantar su mirada y encontrarse con la alegría de ella, le ofrece con todo su amor.

ENIGMA.-

Sabemos que los dos amantes están mirando a la Rosa Mística y también que la rosa los mira.

¿QUÉ VE LA ROSA CUANDO MIRA A LOS DOS AMANTES?

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UNA ROSA Y UN CLAVEL

DOS ROSAS

UN RAMO DE FLORES

UNA ROSA

LAS ROSAS NO PUEDEN VER PERSONAS